Retomando algunas reflexiones acerca de la trama que se teje en cada escuela, donde los afectos y las emociones se manifiestan de muchos modos y el clima del aula se disfruta o se tensa en función de esos modos , es importante identificar la implicancia que tenemos cada uno de los actores que hilan y tejen esta trama en la vida escolar.
Si pusiéramos en palabras una de nuestras preocupaciones diaria como docentes , creo que la pregunta recurrente sería : ¿Cómo crear un ambiente armonioso? ¿Cómo hacemos que la convivencia se de en un marco de juego respetuoso, de conversaciones donde haya palabras y haya escucha, donde los contactos físicos sean sanos , sin golpes, en un grupo numeroso ( o no) , de niños ? ¿Qué hacer cuando el clima de la sala se transforma en una situación de gritos, golpes y enojos ?
En el posteo anterior me y nos fui interpelando acerca del modo en que como docente habilitamos o no , la manifestación de las emociones , qué estrategias llevamos adelante para que esa preocupación real nos permita seguir disfrutando de la tarea docente y que los grupos de estudiantes aprendan en espacios contenidos y sanos. Y así es que nos disponemos a poner nuestros saberes, estrategias y maneras de enseñar en juego.
En ocasiones nos proponemos como docentes que la sala se mantenga en silencio , con poco movimiento y las consignas que habilitamos se reducen a llegar a ese silencio ordenado, es el objetivo final. Pareciera que si los niños están en silencio y quietos todo resultara más fácil...pero es tan así? En este contexto, ¿qué lugar le damos a las emociones, a esa reacción humana ante diferentes situaciones que acontecen en el día a día en el Jardín ? Liliana Gonzalez en "Volver a mirarnos" nos propone no "encantarnos con los silencios" , que es necesario escuchar sensiblemente para que , que mientras se va enseñando el mundo , podamos detenernos en esa trama de afectos que se va generando en cada niño y niña y de la que como docente no son ajenos.
Otras veces dejamos que la sala vaya poniendo el ritmo de las conversaciones, los juegos y modos de cada niño y niña y "nos desafiamos" a convivir con el ruido , las corridas y empujones que se originan en ese tiempo lúdico....pero ¿cúal es el límite? Hasta dónde está bien que habilitemos ese ser y estar y en qué momento decimos basta ? ¿está bien establecer el "hasta acá"? ¿Los niños y niñas interpretan ese límite del modo en que como docente deseamos establecer? ¿O el poner límites se ha transformado en algo malo?
De la lectura de algunos autores intentaré acercar algunas propuestas que faciliten pensar en "los límites como mensaje de cuidado " diría Claudia Gestenhaber . Y para ello, como primer paso tenemos que saber que , para bien o para mal, en la tarea educativa, no estamos solos.
Bien sabemos que en el aula, no sólo están los docentes con sus estudiantes, también, y con fuerte presencia, están las familias con sus modos de establecer relaciones familiares, límites y cuidados. Familias y escuela, una relación que se ha construido y mantenido de cierta forma durante el transcurrir de los años y que con el tiempo, tal como expresa Isabelino Siede, ha roto el pacto inicial que supieron tener en sus inicios. En las últimas décadas y cada vez con mayor preocupación observamos que los prejuicios se ponen en juego desde ambos lados y que la desconfianza carga las relaciones que se establecen entre estas instituciones que van dando "forma" a las niñeces.
Cuando las niñas y los niños juegan y experimentan las diversas situaciones que el Jardín les propone , siempre se pone en juego esa "carga familiar y social" que han ido construyendo en sus poquitos años y que se manifiestan fuertemente en abrazos, risas y también en gritos corridas, empujones, enfrentando las reglas de lo que "se puede hacer" y "lo que no se puede hacer" en el Jardín. Y es quizás aquí, en este sensible y pequeño lugarcito , donde tenemos que dar el primer paso. Juntos, familia y escuela, tomarnos de la mano , pero no para saltar al vacío , tenemos que enfrentar primero los acuerdos y desacuerdos y establecer un propósito común: reglas, normas, límites pertinentes que les permita a niños y niñas conocer los modos sanos de relacionarse, de aceptar que no todo está permitido y que los "no" son en beneficio de cada niña y niño.
En este tiempo vertiginoso, apurado, con pantallas que nos atraviesan la vida , detenernos a pensar conjuntamente sobre lo importante de la niñez, qué significa ser niña, niño, qué implica el cuidar, porqué la literatura y las nanas, canciones y conversaciones son tan importantes para que la niñez viva tiempos de infancia es el primer e imprescindible paso . El trabajar con las familias diferentes conceptos los habilita a pensar juntos no sólo desde el sentido común , sino incorporando determinados saberes conceptuales para dar lugar a consensos e iguales o similares maneras de establecer límites.
Y estos encuentros, pautados, planificados, con todas las familias, con algunas, de manera individual , de modo presencial, por videollamada, por mensajes escritos, a través de juegos y de charlas tendrían que constituirse como espacios prioritarios. Y entonces...cómo y cuando los desarrollamos en un tiempo acotado y como ya dije apresurado de la vida escolar?
No es para nada sencillo, pero no debería ser imposible...por lo que significa acompañar a las infancias.